El guerrero y el monje

Un guerrero sin piedad ni escrúpulos avanzaba con sus tropas a través de un país que había sido devastado por la guerra. Todos los habitantes le temían y huían ante su presencia. Los que, siendo demasiado viejos o enfermos para escapar eran asesinados.

Las ciudades parecían fantasmagóricas escenas. En una de ellas, el guerrero franqueó la puerta de un monasterio desmantelado, atravesó el patio, entró en numerosas celdas desocupadas y estancias abandonadas a la carrera y, de pronto, se detuvo. Un monje permanecía sentado, totalmente inmóvil y con los ojos semicerrados.

El guerrero se dirigió al monje, que parecía no verle, desenvainó su  sabley después de poner la hoja en su garganta le dijo:

 – ¿Quieres desafiarme? ¿Pretendes no tener miedo? ¿Es que no sabes quien soy yo? ¿No sabes que puedo atravesarte con este sable sin pestañear siquiera?

 El monje abrió los ojos, miró con calma al temible hombre y la dijo:

 – ¿Y tú? ¿Pretendes que tenga miedo? ¿Acaso no sabes quién soy yo? ¿No sabes que puedo dejarme atravesar por tu sable sin pestañear siquiera? 

                                   

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