Mi gran miedo, algo maravilloso

Hoy en día, sigue siendo una historia que al recordarla me pone los pelos de punta.

Cuando dejamos de ser adolescentes para convertirnos, o por lo menos intentarlo, en personas adultas y maduras, la vida te obliga a tomar decisiones.

Cuando cursaba mi último año de bachiller, me encontré perdida y sin saber que hacer con mi vida. Lo único que tenía claro era que quería seguir estudiando, pero realmente, no sabia que estudiar. Hablé con la orientadora y tras realizar varios test, llegamos a la conclusión de que me gustaría estudiar algo para el día de mañana poder ayudar a las personas. Recuerdo que salí enfadada, ¿esa solución me daba?, ¡qué asco de test!, ¡me ha liado más todavía!

Tras varias charlas con ella decidí estudiar integración social.
En esas clases conocí a una profesora estupenda, Ana, quien en el primer día nos dio unos clínex, unos antifaces, y bajó las persianas. Nos preguntó si veíamos algo ¿Qué íbamos a ver? Su respuesta fue que eso era lo que ella veía todos los días de su vida. Eso fue algo que me marco para el resto de la mía.

Un día fuimos con ella de excursión a la fundación ONCE. Tras varias horas necesité ir al baño. Pregunté por su ubicación, cuando de repente, un hombre ciego me llevó hasta el baño muy deprisa. Sentí tanto miedo que me quedé encerrada dentro unos cuantos minutos. ¿Miedo por qué? Ana me enseñó a amar la discapacidad. ¿Había estudiado algo que me gustaba muchísimo para sentir miedo? Pasé unos días horribles y llorando sin parar. ¿Serviría para trabajar de lo que he estudiado?
Pasó el tiempo y llegaron las prácticas. La discapacidad me encantaba, pero había algo que me lo impedía, así que decidí hacerlas con otro colectivo.

Al terminar de estudiar, trabajé con adolescentes, pero yo sentía que tenía una espina clavada y que tenía que hacer lo posible por sacarla.
Actualmente trabajo en una fundación con personas con discapacidad intelectual y estoy segura que es el mejor regalo que la vida me ha podido ofrecer: un trabajo que me apasiona.

• Gracias a mi profesora Ana, quién me enseñó a amar todo lo “insignificativo” de la vida.
• Gracias a mi amigo Raúl Vicente, quién me aconseja y sobre todo me ayuda y me escucha.
• Gracias a mi amigo Raúl Maroto, por sacar tu maravilloso humor en mis momentos difíciles.
• Gracias a mi amiga Azucena, quien ama la discapacidad tanto o más que yo.
• A mis compañeros/as y sobre todo amigos/as del trabajo, gracias por enseñarme lo que se y por hacer que el día sea mucho más fácil de lo que realmente es SIMPLEMENTE GRACIAS

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2 pensamientos en “Mi gran miedo, algo maravilloso

  1. Gracias a ti Patri, por abrir ese gran corazón que tienes y compartir esta bonita historia con todos nosotros. Es simplemente preciosa. Me identifico en la historia con alguna situación que me ha sucedido en mi vida, creo que es inevitable no hacerlo. Gracias de nuevo.

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