Una gran fortuna

Era un importante hombre de negocios que había dedicado su vida a trabajar día y noche con el propósito de amasar una gran fortuna. De joven se había prometido que cuando fuese lo suficientemente rico como para dedicarse a “disfrutar de la vida” y a estar con su familia, lo haría. Mientras, trabajaría todo lo que le fuera posible.

Por distintas circunstancias, ese momento de plenitud financiera no llegó hasta que el hombre hubo alcanzado la edad de sesenta años. Su mujer había fallecido diez años antes de un terrible cáncer, y sus hijos vivían en el extranjero.

El golpe que supuso la pérdida de su esposa fue muy grande, pero en aquel momento no pudo permitirse el lujo de detenerse a replantearse nada. Tenía que trabajar.

Cuando se hubo retirado, decidió volver a ponerse en contacto con esa parte de su vida que había permanecido oculta durante diez largos años. Para facilitar esta tarea vendió su casa de la ciudad y se trasladó a la costa, a un pequeño pueblo pesquero al que cada año solía acudir con su esposa para celebrar el aniversario de su boda, y al que no iba desde hacía algún tiempo.

Cuando se hubo instalado en un cómodo apartamento, empezó a elaborar un plan que le permitiera poder poner de manifiesto lo que con celo había guardado en su interior: todos esos sentimientos de dolor, muchos de ellos relacionados, claro está, con la muerte de su esposa. Así, decidió darse todos los días un paseo por la playa para reflexionar y relajarse, luego, volvería a su apartamento para sentarse a escribir en su diario todas esas reflexiones.

Un atardecer, mientras caminaba por la playa, vio a un grupo de pescadores que volvían de faenar. Sus caras expresaban claros signos de cansancio después de una dura jornada sin a penas descanso. Oyó que uno decía a otro: “¡Hoy sí que nos hemos salido!” Y éste le contestaba: “¡Si seguimos así, la competencia no tiene nada que hacer!”

Después de presenciar la escena, volvió a casa y escribió:

Hoy he visto a unos pescadores. Debían de llevar todo el día trabajando pues parecían agotados. Me han recordado a mí. Recuerdo cuando me retaba a mí mismo con cuántas horas y cuántos días podía llegar a trabajar seguidos. Sin duda llegarán lejos si saben invertir bien sus beneficios. El trabajo es la base para construir una fortuna.

A la mañana siguiente, un poco antes del medio día, bajó a pasear por el mismo lugar y vio a un pescador que estaba recogiendo sus redes. “¡Que raro!” Se dijo. “No es una hora normal para dejar de trabajar…”

Lleno de curiosidad se acercó al pescador y le preguntó: “¿Viene usted ya de trabajar?” A lo que el hombre le respondió: “¡Sí, ya está bien por hoy!” El hombre no daba crédito a la respuesta, pues le parecía obvio que el pescador estaba renunciando a una oportunidad para ganar más dinero si prolongaba un poco su jornada. “Sólo por curiosidad… espero no meterme donde no me llaman, pero… ¿No cree que está usted perdiendo dinero?” Dijo el hombre. “¿Por qué piensa usted eso?” Dijo el pescador. “Muy simple, si faenase usted hasta un poco más tarde, pongamos hasta después de comer, ¡podría ganar entre un veinte y un treinta por ciento más al año!” El pescador, hombre amable y risueño, le contestó: “No sé en que trabaja usted, señor. Yo he salido de casa esta mañana, antes incluso de que amaneciese y vuelvo ahora. Pero si no pudiera comer cada día con mi familia, y luego pasar un rato disfrutando de ellos, me sentiría muy desgraciado. El dinero es necesario, sí, pero una vez cubiertas unas necesidades prefiero invertir mi tiempo en estar con los míos.” Dicho esto el pescador se fue. El hombre se había quedado “a cuadros”.

Después de caminar un poco más por la orilla volvió a su casa y escribió en su diario:

Todos estos años he estado ciego. ¡Cuántos fines de semana me perdí por estar en congresos! ¡Cuántas tardes de jugar con mis hijos! ¡Cuántos momentos en los que podría haber hecho por conocerlos! ¡Cuántas cenas con mi esposa…! Siempre creí que con el esfuerzo adecuado podría ser un hombre rico, y no me daba cuenta de que en realidad ya lo era y mucho. En aquel momento no supe verlo, pero el amor hacia tus seres queridos es la base para construir una fortuna.

El hombre empezó a llorar con fuerza, con rabia. Temía haber malgastado su vida por completo. En ese momento sonó el teléfono.

“¿Quien es?”
“Papá soy yo, tu hijo…”

El hombre no cabía dentro de sí. La alegría que sintió al oír la voz de su hijo fue inmensa. Éste le invitaba a vivir con él, pues consideraba que allí solo no hacía nada y así le podría echar una mano con sus hijos. “Gracias, gracias por esta nueva oportunidad” Se dijo el hombre. Así que, después de prometerse que volvería allí de vacaciones con sus nietos, se fue al extranjero a hacer una gran fortuna, que ahora para él no era otra cosa que poder disfrutar de suyos.

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5 pensamientos en “Una gran fortuna

  1. a veces no somos capaces de ver lo que tenemos en frente, aunque para los demas sea obvio que está ahí. las “legañas” hacen que se nos nuble la vision, adaptandola a lo que nos hace movernos en ese instante, no vemos mas allá, creyendo que hacemos lo que es mejor y más nos conviene, dejando en nuestro camino “papelitos arrugados” que ya no volveran a ser iguales por cómo los hemos tratado. Es verdad que en muchos casos no nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que lo perdemos, asi que debemos lavarnos bien la cara al levantarnos para quitarnos todas esas “legañas” y ver bien y claro todo lo que tenemos más cerca y a nuestro alrededor, que de costumbre no vemos ni apreciamos. Algunas veces las segundas oportunidades no se dan, asi que debemos aprovechar el primer intento!!! :).

  2. Ojalá todo el mundo viera cuán rico es con sólo mirar a su alrededor…… Esta historia es un ejemplo muy común desgraciadamente, espero que sirva para concienciar muchas almas ávidas de bienes materiales y vacías de amor. Gracias chicos. Besos

  3. Simplemente una historia real, que a todos nosotros nos pasa de un modo o otro, pero no nos damos cuenta que el tiempo pasa y nuestras vidas con el… Que realmente lo que vale es el cariño de los que nos quieren, los que sin darnos cuenta están a nuestro lado sin verlos porque no dicen nada.
    ¡¡¡simplemente!!! Nos regalan todos los días y sin pedirlo su amor y cariño todos los días de su vida y casi nunca nos damos cuenta solo cuando ese cariño nos falta. El dinero vale para para comprar cosas…..pero no compra el cariño y el amor que todosssssssssss necesitamos en nuestras vidas. Mari carmen.
    Enhorabuena por vuestro trabajo y hacernos pensar.

  4. Nuevamente sin palabras! Gracias por vuestras historias y cuentos, con ellos nos hacéis pensar y recapacitar sobre el rumbo que queremos dar a nuesta vida. Gracias!

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