La sonrisa de Mokugen

Un Koan, en la tradición Zen, es un problema que el maestro plantea al novicio para comprobar sus progresos. Al final del siguiente Koan hemos añadido un comentario de Tomas Cleary que revela un posible significado del mismo:

Dicen que el maestro Mokugen no sonrió nunca durante su larga vida. Permaneció siempre impasible e intensamente presente, como exigía su tradición y su cargo. Hizo bien su trabajo y se consagró a su templo. En el momento de su muerte, sabiendo que iba morir, reunió a sus discípulos y les dijo:

– Decidme lo que habéis aprendido del Zen. Daré mi ropa y mi cuenco a aquel que me diga verdaderamente qué es el Zen. Se convertirá en el nuevo director de nuestro monasterio.

Los discípulos, en torno a él, se pusieron a filosofar sin resultado. Un discípulo se acercó a la cama de Mokugen. Tomó un cuenco en el que se encontraba su medicina y lo acercó delicadamente a los labios del enfermo. Mokugen, sarcástico, le dijo:

-¡Ah!… ¿Esto es todo cuanto has aprendido del Zen?

El discípulo miró a su maestro, devolvió el cuenco a su sitio y luego le miró de nuevo tranquilamente. Fue entonces cuando Mokugen sonrió por primera vez en su vida y le dijo en su último aliento:

– ¡Pillo! Te doy mi ropa y mi cuenco. El monasterio es tuyo.

FIN

Todos los discípulos buscan una definición intelectual de la iluminación. Por el contrario, uno de ellos se acerca al enfermo pensando “Me importa un bledo la ropa o la dirección del monasterio. Maestro, has sido mi padre, mi profesor; eres mi refugio en esta vida. Saber lo que es el Zen no tiene ninguna importancia para mí… Prefiero que te cures… Toma tu medicina y continua con nosotros.”

Acerca el vaso a los labios del anciano y en este gesto, Mokugen comprende el inmenso amor que su discípulo siente por él. Le dice: “¿esto es lo que has aprendido del Zen?” lo que significa: “Has aprendido a pensar que la muerte es un acontecimiento negativo. Crees que vas perder algo. Sientes que te abandono… Pasas por estados anímicos que no corresponden a un espíritu despierto, pues nada llega ni nada se va. El presente es uno. Si estoy totalmente identificado con la Vida, no me voy. Estoy aquí. Soy la vida.”

El discípulo comprende todo esto en la mirada de su maestro y devuelve el vaso a su sitio. Volviendo a dejar el recipiente, quiere decirle: “bien, siendo así, comprendo. No os preocupéis más por el monasterio. Morid tranquilo.”

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Un pensamiento en “La sonrisa de Mokugen

  1. en algunos trabajos ocurre lo mismo. En mi caso, cada vez que escucho a alguno de los chic@s con los que trabajo, decir algo o hacer algo en lo que probablemente he insistido un millon de veces, y no lo han hecho, y despues lo hacen en un momento independiente de tu presencia activa, simplemente eso, hace que merezca la pena el trabajo que hago y te hace sacar de verdad una gran sonrisa porque parece que les ha llegado lo que les has dicho en un principio. HAce que te sientas muy bien y feliz!!! 🙂

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