BUEN AUTOCONCEPTO

Casi todos tenemos, afortunadamente, alguien a quien querer y apreciar a nuestro alrededor. Es muy raro encontrar a alguien que no quiera a nadie de entre todas las personas con las que coexiste. Familiares, amigos, compañeros del trabajo, vecinos… hay cientos de ellos a los que podemos llegar a querer. De hecho, lo más probable es que queramos a muchos y a algunos muchísimo. Quizá lo que es más complicado es determinar a quién queremos más. Seguro que hay quien lo tiene clarísimo y otros que tienen varios posibles candidatos. Hoy vamos a hablar de la persona que, si no es la que más queremos, por lo menos debería serlo. La persona que nunca deberíamos descuidar ni dejar de querer. Me refiero a nosotros mismos

¿Sorprendido? No veo por qué.

Querernos implica (o debería) tener de nosotros un buen concepto. Y este concepto positivo es la primera clave para una vida feliz. Todos cometemos errores y es normal que veamos en nosotros cosas que no nos gustan. En nuestra mano está cambiarlas si así lo creemos necesario y si nos es posible. Y si no fuese así, sólo queda perdonarnos y aceptarnos tal como somos.

De la aceptación de lo que somos nace el genuino afán de superarnos que hace tan maravilloso al ser humano. No me refiero a conformismo, ni mucho menos a dejar que nos avasallen. Tampoco a que podamos hacer lo que nos venga en gana aunque nos perjudique a nosotros mismos o a otros, para luego justificarlo diciendo: “es que soy así”. Me refiero a cuando, sin pretenderlo, nos causamos un daño o se lo causamos a alguien. Me refiero también a cuando nos propusimos algo positivo y no lo conseguimos. Incluso a las cosas malas que pudiésemos llegar a hacer cegados por la ignorancia de las consecuencias que nuestros actos pueden llegar a tener.

Hablamos de perdón, de aceptación, de afán de superación. Si existe la buena voluntad, no es tan grave si no se consigue siempre lo que se pretendía. Aprendamos de los errores para intentar no repetirlos, aceptemos que podemos equivocarnos, que no somos perfectos y por último, perdonémonos para seguir adelante.
No perdamos nunca nuestro buen autoconcepto. Todos tenemos infinidad de cosas buenas de las que sentirnos orgullosos. Cosas que, aunque no lo creamos, pueden ayudar a otros simplemente como inspiración, que pueden mejorar nuestra vida y la de cuantos nos rodean.

La célebre escritora estadounidense Louise L.Hay ha mencionado muchas veces en sus publicaciones la importancia de enviarnos mensajes de aprobación y sus beneficios en nuestra salud física y psíquica. De la lectura de alguno de sus best sellers recuerdo una frase que invita a que nos digamos cada día:

“Me quiero y me apruebo”

Os invito a recitarla ahora mismo, merece la pena darnos una oportunidad. Si no somos capaces de ver todo lo bueno que hay en nosotros mismos, difícilmente lo apreciaremos en los demás. En nuestra mano está cambiar lo que queramos, hagámoslo a mejor. Entre tanto no descuidemos a la persona más importante de nuestra vida: nosotros mismos.

abrazarse

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